martes, 27 de noviembre de 2007

Fe y cambio social


¿Se puede “moralmente” ser partidario de una revolución como la nuestra? Ésta es una pregunta que anda en el aire por estos días. “¡Sí, se puede!”, dicen muchos hombres y mujeres que se reconocen cristianos, y por ello, sensibles a la prédica y la acción de Jesús, amigo de todos los excluidos de la sociedad. “¡No, imposible!”, contestan los amigos del orden o desorden social, y encuentran en los obispos un apoyo frecuente (pero no unánime) a su visión de una sociedad antiguada.

Cuando se lee con atención la historia de los siglos pasados, uno se da cuenta que el anticlericalismo – la hostilidad a la fe religiosa – no es un ingrediente obligado de las opciones sociales nuevas. Pero, desde el siglo XVIII, la incapacidad recurrente de las jerarquías eclesiales a aceptar un orden político-social donde la fe ya no tenga un rol director, las ha puesto en situación de enemigos de las propuestas de “libertad, igualdad, fraternidad”.

Sin salir de nuestro país, basta recordar cómo los grandes próceres de la Independencia fueron excomulgados, rechazados por la Iglesia. Claro: la Independencia se hacía contra el orden español, contra la monarquía de los Reyes muy Católicos, y, pensaban los sacerdotes, contra la fe cristiana. Terrible error de la Iglesia jerárquica, que ella nunca quiere recordar, por supuesto.

Después de varias décadas de Independencia, entre gallos y medianoche, la Iglesia rehabilitó a Bolívar y Miranda, y a los demás protagonistas del nuevo orden americano. Mientras tanto, qué cúmulo de injusticias, promovidas por los sacerdotes. Uno piensa, de igual manera, en la forma cómo la Iglesia “perdió la clase obrera”, como se suele decir en Europa. La pérdida general de la fe en los países de Europa Occidental de hoy se debe inmensamente a la falta de visión por parte de los ideólogos de la Iglesia.

Me temo que muchos clérigos de nuestra Iglesia estén repitiendo hoy uno de estos graves errores de la historia reciente. Por falta de visión y sensibilidad cristiana, se excomulgan a sí mismos del “mundo nuevo”. Pretenden justificar “moralmente” sus opciones, las cuales son más políticas que evangélicas. Hacen daño a la moral, a la Iglesia y la sociedad.

Por Bruno Renaud, sacerdote de Petare, Caracas, Venezuela
Este artículo lo consigue en ECUVIVES, en la sección Página Principal

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