viernes, 14 de diciembre de 2007

Cristina Kirchner denuncia "operación basura" por parte de EE.UU

La intención original de Cristina Kirchner de mantener relaciones “maduras” con los Estados Unidos se enturbió a sólo cuatro días de su asunción, a raíz de la sospecha levantada por el FBI de que el dinero incautado en Buenos Aires al empresario venezolano Guido Antonini Wilson tenía como destino financiar la campaña electoral del kirchnerismo.

La reacción no se hizo esperar y la jefa de Estado encasilló la denuncia en una “operación basura” encarada por el país del norte y, de inmediato, ratificó que durante su Gobierno se mantendrán los excelentes lazos con la República Bolivariana de Venezuela. Según la óptica oficial, esa supuesta “operación” tiene como objetivo esmerilar la relación Buenos Aires-Caracas, que se mantuvo sólida durante la gestión de Néstor Kirchner.

Es que para el Gobierno de George Bush, esa Nación caribeña conducida por Hugo Chávez integra el “eje del mal” junto con Irán, Corea del Norte y alguna otra Nación de Oriente.

Ahora, con la inesperada derrota que el verborrágico presidente venezolano sufrió en las urnas por la modificación de la Constitución —que debía habilitar su reelección indefinida— Washington considera que es el momento de lanzar una ofensiva diplomática que lo debilite. Pero, los Kirchner no sólo tienen una empatía ideológica con Chávez sino también una deuda de gratitud por los servicios prestados por el venezolano al socorrer al país financiariamente y con el fuel-oil que proveyó para que las usinas a gas no dejaran de funcionar en tiempos de escasez y nervios.

Esta comunión quedó ratificada también con dos hechos que molestaron al Gobierno de Bush y enfriaron las relaciones con la Casa Blanca. Uno de ellos fue en noviembre de 2005, cuando en Mar del Plata, Kirchner y Chávez sellaron un acuerdo para frenar la propuesta del ALCA en la Cumbre de las Américas. En aquella oportunidad, Bush adelantó su partida de Mar del Plata muy disgustado tanto por el resultado final de la cumbre como por el “maltrato” recibido.

A partir de aquel momento, se motorizó la idea de un Mercosur ampliado que incluyera a Venezuela, que al final no avanzó como se esperaba por la resistencia del brasileño Lula Da Silva.

Otra cuestión que irritó a Washington se dio el domingo pasado, un día antes de la asunción de Cristina, cuando los países de la región firmaron la constitución del Banco del Sur, una entidad que podría otorgar una mayor independencia financiera.
Por otra parte, para los analistas del oficialismo, este episodio se dio también cuando la Argentina participa de una avanzada para forzar al presidente de Colombia Alvaro Uribe a que acepte una mediación para la liberación de Ingrid Betancourt, secuestrada por la guerrila de ese país.

Uribe es un aliado estratégico de los Estados Unidos y este país no quiere ver un desgaste del mandatario colombiano.

Es en esta trama de complejidades que apareció la denuncia por la valija de Antonini Wilson, un hombre oscuro que ni siquiera se sabe bien para quién trabaja.

Lo cierto es que habría que remontarse al principio de los años 80 para observar una relación tan tensa entre la Argentina y los Estados Unidos. En los primeros tiempos de su gobierno, Raúl Alfonsín viajó a la capital norteamericana, y apenas llegado cargó duramente contra el entonces presidente Ronald Reagan por el peso de la deuda que debía soportar el país. Luego, el tiempo suturó algunas heridas, y las dos naciones se fueron acercando en forma paulatina hasta que llegaron los 90, cuando Carlos Menem presidió la etapa de las “relaciones carnales”.

Con Néstor Kirchner instalado en la Rosada, la relación bilateral resultó pendular, ya que la Casa Blanca consideraba que Argentina y Brasil conformaban la puerta perfecta para frenar el ímpetu del Hugo Chávez. El ex jefe de Estado viajó un par de veces allí, y hasta tocó la campana en Wall Street, el templo mundial del capitalismo.

Mientras tanto, el delegado estadounidense en el Fondo Monetario siempre mantuvo la decisión de frenar los duros reclamos de otros países por el default de la deuda.
Pero, luego apareció Antonini Wilson con una valija repleta con 800 mil dólares no declarados y se tensaró el clima entre los dos países. Cristina salió al cruce y vinculó a ese país con la “violación global de los derechos humanos”. También que no va a permitir que se defina quiénes tienen que ser los “amigos” de Argentina y defendió la “autodeterminación de los pueblos”.

Igual de duro fue el senador del Frente para la Victoria Miguel Angel Piccheto —muy cercano a Cristina—, quien criticó al FBI, de “proteger a este oscuro personaje que es Antonini Wilson” y hasta deslizó la responsabilidad en la maniobra del embajador de Estados Unidos en Buenos Aires, Earl Wayne. “Ésta —agregó Picchetto— parece una típica operación de la CIA y el FBI tan comunes en las décadas del 60 y 70 y con las que se desestabilizaban y hacían caer gobiernos latinoamericanos”.
Sostuvo además que “no creo que el embajador de Estados Unidos en Argentina, Earl Anthony Wayne, sea ajeno a este ataque que está sufriendo el Gobierno de nuestro país”.

Ante esto, la Embajada estadounidense que preside el hiperactivo Earl Anthony Wayne se limitó a responder que no hay conflicto entre los dos gobiernos. Sin embargo, la relación bilateral se encuentra en un punto mínimo de entendimiento histórico y con pronóstico reservado.

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