lunes, 7 de enero de 2008

Bush, el gran torturador

Publicado: 7 de enero de 2008 / 8: 10 am (hora local)
Sí. Gústele o no, el gobierno de George W. Bush se ha ganado, y de forma indeleble, el sucio título de torturador.

Él y sus allegados más íntimos, a la vez también los más faltos de ética, planearon y ordenaron que la violencia contra los detenidos en la titulada guerra antiterrorista global fuese una norma invariable.

Los escándalos en las cárceles iraquíes, en Afganistán y en la ilegal base naval de Guantánamo aún resuenan y resonarán sobre la cabeza de los representantes del imperio, como una marca indicadora de su carencia de escrúpulos y la forma indigna en que han enlodado a la nación, cual se dice "tierra de libertad y derechos plenos".

Pero las historias no solo se restringen a las celdas de Bagdad o Kabul, o a las jaulas establecidas en la tierra cubana usurpada por la fuerza. Porque la Casa Blanca es, además, promotora de otras modalidades de tortura mediante el titulado "programa de rendición extraordinaria", es decir, el equivalente al secuestro de personas sospechosas en cualquier punto del planeta, su trasiego secreto de frontera en frontera, y la aplicación de toda suerte de agresiones físicas y psíquicas para obligarles a "confesar".

Tal deviene el caso del yemenita Mohamed Farag Ahmad Bashmilah, quien estableció junto a otras tres víctimas, una reciente demanda contra la empresa norteamericana Jeppesen Dataplan Inc., subsidiaria de la Boeing Corporation, y encargada de lo que se ha dado en llamar "los vuelos de la tortura", es decir, por órdenes de la CIA, trasladar "combatientes enemigos" de un área geográfica a otra.

Según la periodista norteamericana Amy Goodman, quien entrevistó a Bashmilah, este fue apresado en su casa a fines de octubre del 2003 y de inmediato comenzaron las torturas. Bajo amenaza de violar a su esposa y agredir a su familia, aceptó las falsas imputaciones de ser integrante de la red Al Qaeda.

Luego fue transferido a otro país que él estima era Afganistán, donde especialistas de la CIA volvieron a aplicarle medidas violentas y le informaron que su caso era evaluado en Washington, encargado de decidir su suerte.

Solo el cinco de mayo del 2005, luego de sesiones de tortura que fueron filmadas por los agentes de la CIA, y de largas gestiones de sus familiares ante la Cruz Roja Internacional y otras instituciones, fue devuelto el prisionero a Yemen, para ser liberado en el 2006 sin recibir cargos en su contra, ni la más mínima explicación en torno a su prolongado calvario.

El caso de Bashmilah no constituye, por supuesto, el único ni el último. No se sabe el número de personas que corrieron o corren su misma suerte en manos de esta verdadera maquinaria de terror puesta en marcha por el gobierno de Bush a escala global.

La tortura es, por tanto, otros de los "honores" cargados en su expediente el hombre que este año dejará la Casa Blanca, y que suma, además, cifras récords de impopularidad y de incapacidad.

Por Néstor Núñez
Servicio Especial de la AIN
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