martes, 22 de enero de 2008

La muerte del Libertador y el laberinto

La orden era terminante y clara: No dejar salir al Libertador con vida del territorio neogranadino, pues se corr�a el riesgo de que su espada volviera a cabalgar por Am�rica Latina.

Bol�var viene 'febril, p�lido y grave', camino a su encuentro definitivo con el boticario franc�s Pr�spero Reverand, quien ha sido nombrado oficialmente su m�dico, y previamente instruido por el general venezolano Mariano Montilla, ac�rrimo enemigo del Libertador desde todos los tiempos y abierto partidario del general venezolano P�ez, quien est� en guerra con el general Santander de Colombia, para juntos destruir el proyecto anficti�nico Bolivariano y quedarse cada uno con su 'patriecita'. Tambi�n viene rumbo a Santa Marta, la goleta de guerra Norteamericana 'Grampus', con el cirujano militar Dr Night (Noche) a bordo.

Reverand (ahora se ha venido a saber), no era m�dico, sino que con algunos conocimientos de cirug�a militar adquiridos en Francia y muchos, esos s�, sobre menjurjes farmac�uticos. Con esto ha montado una botica particular para venderle sus p�cimas a los samarios. El 1 de Diciembre de 1830 examina al Libertador, oye su tos, mira su semblante y se dice para s�, que el eminente paciente padece 'una consunci�n'; entonces, acorde con la orientaci�n recibida, instaura el plan terap�utico: Sinapismos de cant�rida pulverizada, mezclada con ars�nico, aplicados como vejigatorios en la nuca del paciente, pues la v�a oral es incierta y no puede controlarla directamente. Los polvos se absorben bien por piel, se sinergizan y no dejan muchas huellas. El boticario tiene porqu� saber que esa mezcla magistral, es conocida desde la antig�edad romana, y que en la edad media era el veneno utilizado por la familia del papa Borgia y llamaron la 'cantarela'. El vulgo la conoci� como los polvos de la Toffana.

Poco despu�s viene el cirujano Norteamericano Night, examina al Libertador y le dice a Reverand que su palidez y estado febril, corresponden a un 'paludismo cr�nico'. El boticario se aferra al de 'consunci�n o tisis'. Discuten, pero coinciden en dos cosas: Una, que es una dolencia 'cr�nica', es decir que el Libertador ha comenzado a morir hace tiempos, quiz� con ayuda de las 'curas arsenicales contra las calenturas' a las que lo sometieron varios m�dicos ingleses, el ultimo el Dr Joly y la otra fundamental: Seguir con los vejigatorios en la nuca. La raz�n 'cient�fica' y contra todos los conocimientos m�dicos de la �poca para tratar ambas enfermedades y sobre todo, en contra de la realidad anatom�a que ambos como cirujanos conoc�an muy bien; es el absurdo de que los l�quidos perniciosos de la cabeza (no en los pulmones), se pueden extraer a trav�s de la nuca con vejigatorios de cant�rida. En los 17 d�as que el Libertador est� en las manos del boticario franc�s; le aplica 8 emplastos en total, incluso sobre la piel sangrante, con una obstinaci�n y encarnizamiento tal, que lo hacen a�n m�s sospechoso.

El cirujano militar Norteamericano, seguro de que el Libertador no saldr� vivo de Santa Marta, emprende regreso a su pa�s y la goleta de guerra Yanky, poco despu�s, misteriosamente desaparece para la historia, en el hoyo negro del tri�ngulo de las Bermudas. Mientras tanto en la hacienda de Sanpedro alejandrino, el boticario franc�s redacta 33 boletines sobre la evoluci�n cl�nica del Libertador. Despu�s despedaza su cad�ver, escribe y edita una necropsia, en donde se da la raz�n: El Libertador muere de tisis. Pero su empirismo franc�s lo pone al descubierto. Hoy cualquier m�dico general puede en estos �nicos documentos m�dicos escritos, descubrir c�mo los venenos aceleraron la muerte del Libertador.

No es sino leerlos juiciosamente y agrupar sus signos y s�ntomas en dos grupos : 1- Urinarios debidos a una intoxicaci�n por cant�rida: Orinas sanguinolentas seguidas de anuria, falla renal e insuficiencia renal aguda, con 'ri�ones intactos, vejiga vac�a pegada bajo el pubis' .2- Neurol�gicos y Gastro-intestinales, debidos a una intoxicaci�n por ars�nico: Let�rgia, confusi�n mental, delirio, inquietud extrema, estupor y coma. Inflamaci�n men�ngea con 'circunvoluciones cerebrales cubiertas de serosidad semi roja'. Hipo, v�mitos, c�licos, diarreas, 'est�mago dilatado por un licor amarillento, sin lesi�n ni flogosis (a pesar del ayuno prolongado y el veneno), intestino delgado meteorizado, marcada hepatomegalia, ves�cula biliar muy extendida, y gl�ndulas mesent�ricas muy obstruidas'. No describe peritonitis tuberculosa, pero si pericarditis; 'el Coraz�n (a pesar de las cavernas pulmonares descritas), no ofreci� nada particular, aunque ba�ado por un l�quido verdoso contenido en el pericardio'.

Dudo de la confesi�n de Sim�n Bol�var ante el obispo. Y no creo que tuviera claridad mental para dictar un testamento. Quiz�s el �nico instante de lucidez y realismo que le permiti� el envenenamiento, es cuando le dice a su asistente cercano: - �C�mo saldr� de este Laberinto?

No pod�a. Era un Laberinto de 5 �ngulos o pent�gono, m�s terrible y complicado que el desierto imaginado por Borges. Con escaleras secretas, pasadizos y t�neles sellados. Con puertas que conducen a cementerios blanquecinos protegidos por muros impenetrables y guardias armados de ametralladoras; zaguanes sin fin y manzardas ocultas, cuya �nica comunicaci�n exterior es mediante asteroides telem�ticos, construidos por el Hombre.

El 20 de Noviembre de 1942, doce a�os despu�s de su famosa necropsia, Reverand con la mirada gacha y avergonzada, junto con el jefe pol�tico santanderista de Santa Marta Manuel Ujueta, en una t�trica exhumaci�n identifica el polvo en que qued� convertido el Libertador. Joaqu�n Posada Guti�rrez en su memoria escrita (1865), deja esta constancia para la historia: 'el cr�neo aserrado horizontalmente y las costillas cortadas por ambos lados oblicuamente, los huesos de las piernas y pies estaban cubiertos por botas de campa�a, la derecha completa, la izquierda despedazada. Al lado de los huesos de los muslos, pedazos de gui�n de oro deteriorado y listas de color verde con metal oxidado, fueron los �nicos fragmentos de su vestido que se encontraron; todo lo dem�s se hab�a pulverizado'.

�C�mo no estar de acuerdo con la identificación, esta si científica, que van a hacer diligentemente en Caracas los hijos de Bolívar, sobre los restos entregados por el gobierno del general Santander al gobierno de Venezuela? �Porqu� no quieren que se separe y se determine en ese polvo, cual es ars�nico del Laberinto, y cual es verdadero polvo sideral que nos ilumina y orienta? �A que le temen Se�ores del Laberinto, si lo que brilla por luz propia nadie lo puede apagar?

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