domingo, 13 de abril de 2008

LOS YANQUIS INVENTAN Y MIENTEN SOBRE EL TÍBET


El anuncio del presidente norteamericano George Bush de que no irá en agosto a los Juegos Olímpicos en Beijing, en un boicot expreso a la ceremonia inaugural a esos juegos, muestra hasta qué punto los EE UU están comprometidos con la campaña antichina de estos días.

Es probable que Nicolas Sarkozy y otros presidentes imperiales sigan los pasos de Bush, todos tomando como excusa la situación en el Tíbet. Los reaccionarios del mundo, desde el nombrado Bush hasta los sellos de la gusanería en Buenos Aires, como Cadal, pasando por Robert Menárd de Reporteros sin Fronteras y muchas ONG alimentadas por el dinero de la CIA, etc, están en esa campaña a favor del boicot afirmando que el gobierno chino es "genocida".

Es al revés. El adorado Dalai Lama, condecorado por Bush y la senadora Nancy Pelosi en octubre de 2007 con la medalla de oro del Congreso, es un líder separatista, que quiere desmembrar el Tíbet del regazo patrio de China Popular.

Como recordó Fidel Castro en sus dos notas de opinión sobre esta temática, durante siglos todos los países del mundo reconocieron que esa región era parte de China. Recién después del fin de la Segunda Guerra Mundial y sobre todo, luego de la revolución socialista encabezada por Mao Tsé tung, fue que las potencias lideradas por Washington empezaron a alentar el independientismo.

El inicio de la reforma agraria en el Tíbet, luego de la llegada del Ejército Popular de Liberación en 1951, decidió a las viejas clases explotadoras feudales en esa zona, a levantarse en armas, lo que concretaron en 1959 con auxilio de la CIA, como bien recuerda Fidel en los artículos citados. Hay libros que así lo documentan y él los cita. Los feudales perdieron definitivamente sus posiciones de privilegio, se asiló el Dalai en la India y desde allí retomó sus campañas anticomunistas.

En marzo pasado, rememorando esa derrota a manos de las autoridades centrales de Beijing, el Dalai alentó el levantamiento violento en Lhasa, la capital tibetana. Sus elementos armados mataron a 13 pacíficos ciudadanos chinos de las etnias Han y Hui, en una revuelta de tono fascista y racista, e incendiaron 300 edificios, escuelas y tiendas. Claro está que los medios occidentales cargaron todas las tintas contra los policías chinos, y en cambio, hablaron maravillas de los pacíficos monjes tocados de color naranja.

El gobierno cubano, como recordó Fidel, tomó una postura firme de apoyo a su similar chino. Y las notas del comandante en jefe ratificaron esa justa posición. Hay una campaña mundial antichina para afectar los Juegos Olímpicos, como se vio en los disturbios que promovieron elementos de derecha en Londres, París, San Francisco y posiblemente ese viernes en Buenos Aires, tratando de apagar la antorcha olímpica.

Por lo visto no logran apagar esa llama ni pudieron afectar la solidaridad recíproca de Cuba y China, dos países socialistas con sus peculiaridades. El imperio quiere hacer del Tíbet un nuevo Kosovo, arrancado a Serbia, pero no va a lograrlo. Y encima, en agosto próximo, China Popular puede cumplir un gran rol de anfitrión y conseguir muchas medallas en lo deportivo, algo que también preocupa al decadente imperio.

EE UU, que quiere dar lecciones de derechos humanos a China, es el país que tiene encarcelados a 2 millones de personas, en su mayoría negros y pobres; ha matado a un millón de iraquíes y ha torturado y tortura a miles de presos políticos en sus mazmorras de Abu Ghraib, Guantánamo y en tantas otras cárceles ilegales.

MOVIMIENTO ARGENTINO DE SOLIDARIDAD CON CUBA BOLETIN Nº 14 (MASCUBA)
10/04/2008-Secretaría de Prensa

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