lunes, 21 de marzo de 2011

Obama entra en contacto con su "neocon interior"

Ahora, USA implanta su tercera guerra en territorio musulmán en apenas una década para, según él, "promover la paz y la seguridad mundial". Una justificación habitualmente utilizada por los presidentes para entrar en conflictos que no sirven.

El Presidente Obama, obviamente ha encontrado su "neocon" interior y así se ha unido al partido RepubliCrat de Washington.

Obama recibió muchas críticas por tomarse tanto tiempo para dicidirse a entrar en la guerra civil Libia. Pero la guerra es una decisión trascendental que merece más consideración que el tiempo que se le pueda dedicar a una discusión sobre las distintas opiniones pro-guerreristas de Washington.

Como era de esperarse, el famoso sofá samurai que llevó a las dos guerras en las que actualmente sigue enredado USA, sigue exalando su olor a pólvora potencial.

"El presidente tenía razón en tardarse para decidir".

Ahora, se merece la crítica dura, por decidir erróneamente.

¿Qué está haciendo USA en Libia?

La flecha que apunta hacia las preocupaciones humanitarias luce encantadora, pero curiosa.

Las potencias occidentales sabían que Gadhafi era un repugnante dictador hasta hace un par de meses cuando se le aceptó por haberse "reformado" y unido a la Comunidad Internacional.

El humanitarismo no importó en lo más mínimo mientras el "Coronel loco" estuviera sirviendo a los intereses de los aliados. Cuando el levantamiento popular no pudo derrocarlo rápidamente, la situación devino probablemente, en una extensión de la lucha en un tiempo en el que no se había pensado.

Estos conflictos son largos y cruentos, tal como lo sabe USA después de haber perdido aproximadamente unas 600.000 personas en una guerra civil.

Washington tampoco se preocupó mucho cuando sus aliados desafiaron su voluntad, como es el caso de los militares turcos quienes no hallaron obstáculo para aplastar la insurgencia kurda, hecho que costó 40.000 muertos y cuya reacción no pasó de ser una trivialidad en los labios de los políticos estadounidenses.

Ahora Washington mira impertérrito como la Monarquía que reina en Bahrein, respaldada por una teocracia totalitaria, que es Arabia Saudita, está matando a manifestantes y deteniendo y torturando a los líderes de oposición de ese país.

Sin ninguna vergüenza, la administración Obama ha expresado su aversión a la violencia y su deseo de negociar. Pero no ha habido ninguna conferencia de parte de la Secretaria de estado, Hillary Clinton, con el objeto de sacar los marines de Manama y avanzar hacia una zona de exclusión aérea, ni ninguna resolución de la ONU al respecto.

¿Y los derechos humanos? ¿Y la democracia? Por la borda.

¿Qué sucedería si las tropas sunitas enviadas por la Monarquía saudita derriban a los manifestantes chiítas en Bahrein? ¿Podrá Obama hacer algo más que pasar la carraspera?

Más dudosa aún es la afirmación de que Washington debe intervenir en en conflicto de Libia sin desestabilizar la región. El levantamiento de Libia fue provocado por las revoluciones de Egipto y Túnez y no al revés.

Africa ha sufrido conflictos mucho peores durante décadas sin afectar a los Estados Unidos o a Europa.

El continuo apoyo de USA a Israel a pesar de que este último somete a los Palestinos a un régimen totalitario, pesa más en el escenario árabe que la acción de USA de sacar a Ghadafi del poder. Bahrein es más peligroso hoy, es como una chispa que se encenderá exponencialmente, desencadenando un conflicto entre sunitas y chiítas a todo lo ancho del Golfo.


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