domingo, 17 de abril de 2011

DERECHOS HUMANOS...DE QUIÉN ?

Sindicalistas muertos en Saravena, Arauca


"Hoy, uno de los países que está cometiendo mayores violaciones de derechos humanos en América Latina y en el mundo es Colombia, sin que los medios de información españoles de mayor difusión hayan informado sobre ello"

Es extraordinaria la selectividad que existe en los medios de información de mayor difusión de España en la cobertura de las violaciones de los derechos humanos hoy en el mundo. Cuando tales violaciones ocurren en Cuba, la noticia ocupa grandes espacios mediáticos. La liberación de presos políticos en aquel país, por ejemplo, ha ocupado una gran atención de tales medios, así como de los establishments políticos tanto de España como de la Unión Europea.

El Parlamento Europeo, por ejemplo, dominado por los partidos pertenecientes a las sensibilidades conservadoras y liberales, ha pasado varias resoluciones sobre lo que llaman “la flagrante violación de los derechos humanos en Cuba”. Me parece bien que se denuncie la violación de derechos humanos en Cuba, pero me parece enormemente incoherente (para expresarlo de una manera amable) que se permanezca en silencio frente a las violaciones mucho más extensas y más dramáticas que las ocurridas en Cuba y llevadas a cabo en países gobernados por las derechas, tales como Colombia.

En realidad, este silencio muestra la falta de credibilidad de tales medios en su supuesta defensa de los derechos humanos. Lo que están haciendo es utilizarlos para promover sus puntos de vista políticos e ideológicos. No son las violaciones de los derechos humanos (que utilizan para sus fines ideológicos), sino su objetivo de promocionar su ideario político lo que motiva su atención a tal violación.

Hoy, uno de los países que está cometiendo mayores violaciones de derechos humanos en América Latina y en el mundo es Colombia, sin que los medios de información españoles de mayor difusión hayan informado sobre ello.

Colombia ha sobrepasado este año a Sudán como el país que tiene un porcentaje mayor de personas desplazadas de sus hogares por causas políticas.
De una población total de 44 millones de habitantes, 5,2 millones (casi el 12% de la población) han sido desplazadas por causas políticas, siendo los grupos más afectados por estos desplazamientos forzosos las poblaciones indígenas,
tal como documenta el asesor jurídico de los Sindicatos del Acero de EEUU, Dan Kovalick, en su artículo “Colombia Slips Into the Abyss” (Counterpunch, 10-03-11).

Es probable que esta situación se acentúe con el Tratado de Libre Comercio con EEUU, pues facilitará las inversiones estadounidenses en la producción de aceite de palma, que es una de las causas del desplazamiento de la población indígena, conseguido por medios violentos y liderado por los infames paramilitares, que utilizan la lucha contra la guerrilla como excusa para expulsar a miles y miles de campesinos de sus tierras.

El Tratado de Libre Comercio entre Colombia y EEUU (presionado por las grandes corporaciones estadounidenses) tendrá un impacto muy negativo en el pequeño campesino colombiano, tal como ha ocurrido con semejantes tratados bilaterales de EEUU con México y con Haití. Como ha reconocido recientemente nada menos que el que fue presidente de EEUU Bill Clinton, el mayor promotor del tratado de libre comercio entre Haití y EEUU cuando fue presidente, tal tratado ha dañado a Haití.

Cito directamente sus declaraciones:
“El tratado bilateral con Haití favoreció a los grandes agricultores de mi Estado, Arkansas, pero ha dañado enormemente a los pequeños campesinos de Haití. Fue un gran error… Y tendré que vivir el resto de mi vida con el sentimiento de haber sido responsable del deterioro de la capacidad de producir alimento por parte del propio pueblo de Haití” (mencionado en el artículo de Kovalick).

Otra enorme violación de los derechos humanos es la situación laboral en Colombia. Según la Escuela Nacional Sindical (ENS) de Colombia, 51 sindicalistas fueron asesinados en 2010, y en lo que va de año ya se ha asesinado a cuatro sindicalistas (incluyendo tres maestros). Como escribe el mismo Dan Kovalick (esta vez en el diario Huffington Post, 09-03-11), este número de sindicalistas, 51, es idéntico al número de sindicalistas asesinados en 2008, cuando el candidato Obama expresó su desacuerdo con el tratado bilateral de comercio entre Colombia y EEUU. El candidato Obama se opuso a la ratificación del tratado, refiriéndose a los asesinatos políticos de los sindicalistas como la causa de su oposición.

Un indicador más del abandono de muchas de sus promesas ha sido el hecho de que el presidente Obama, con el mismo número de sindicalistas muertos hoy que entonces, apoye ahora tal ratificación. La situación de abuso que está ocurriendo en Colombia ha dado pie a que la Confederación Internacional de Sindicatos se oponga también a que se establezca un tratado bilateral entre la Unión Europea y Colombia semejante al que probablemente se aprobará en EEUU este año. Es probable que ambos parlamentos, el Congreso de EEUU y el Parlamento Europeo, que se llenan la boca hablando de derechos humanos, aprueben tal tratado.

¿Se imaginan ustedes qué ocurriría si fueran asesinados 51 sindicalistas en Cuba?
Ocurre en Colombia y ni siquiera es noticia. ¿Dónde están los “grandes defensores de los derechos humanos” como Mario Vargas Llosa, José María Aznar, Bernard-Henri Lévy, Moisés Naím y otros? y ¿dónde se pueden leer los editoriales de los grandes medios de difusión protestando por tales hechos? Por cierto, cuando estoy terminando de escribir este artículo, leo en la agencia EFE que el abogado Ricardo Alberto Sierra, que representaba a los familiares de las víctimas de los paramilitares de la región del Pacífico (20.000 asesinados), acaba de ser asesinado ante su familia. ¿Hasta cuándo la comunidad internacional, supuestamente defensora de los derechos humanos, continuará con su silencio ensordecedor?

Vicenç Navarro
(*) Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra y profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University*

lunes, 11 de abril de 2011

Golpe por el Oro Negro 11 de Abril 2002


La lección del golpe de 2002: sólo el pueblo salva al pueblo

La “historia” contada por la burguesía y también la versión “oficial de la burocracia institucional y política, sobre los acontecimientos del 11 al 13 de Abril de 2002, “invisibilizó”, cada una a su modo, a esos actores sociales colectivos, organizados y autónomos, que se movilizaron y dieron la batalla para enfrentar el golpe de Estado, defender el proceso revolucionario y recuperar la democracia en Venezuela.

De ambos lados, lo que se muestra es a “las masas” o al “pueblo”, de manera general y anónima, según la visión de cada quién, y sobre todo, a las figuras políticas y militares que actuaron en la superestructura. Eso impide observar el papel que juegan sectores de la base popular que actúan de manera espontánea pero organizada, aunque esa participación orgánica sea coyuntural.

La Asamblea Popular Revolucionaria (APR)

Cuando en la segunda semana de abril ya estaba en curso el golpe de la derecha y el imperialismo, hubo un espacio de concurrencia del movimiento popular caraqueño que vio el peligro y se esforzó en convocar y mantener la movilización para la defensa de Miraflores (palacio de gobierno). Una de las instancias principales, alrededor de la cual se congregó la resistencia, fue la Asamblea Popular Revolucionaria (APR). De su seno surgió el exitoso Sitio Web de comunicación popular y alternativa Aporrea.org

La APR se había constituido, fundamentalmente, para enfrentar esa ofensiva, con la participación de integrantes de los grupos populares, culturales y de trabajo comunitario de los barrios caraqueños, comunicadores de las radios comunitarias, activistas sindicales, miembros de las organizaciones locales de vecinos y de los Círculos Bolivarianos, gente de las redes sociales que hacían vida en la capital venezolana.

La situación pre golpe

Había un paro patronal y de la mafia sindicalera de la CTV, que se prolongaba con una gran marcha de los sectores sociales acomodados, de la clase media alta y del conjunto de la burguesía.
Todo era impulsado con la más perversa manipulación mediática por parte de los dueños de la televisión, radio y prensa privada, con tácticas de guerra de IV generación, con la tesis de que había en el país una “dictadura fidelista” y había que recuperar la democracia.
Era la coartada, para enmascarar un golpe militar con una movilización de masas que permitiera mostrarle al mundo la apariencia de que a Chávez lo tumbaba el pueblo.

El gobierno no tenía la orientación de llamar a movilizar, argumentaba que la situación estaba "controlada" y decía que había que evitar confrontaciones violentas o sangrientas. Pero la conspiración procedía también de adentro y allí no percibían bien lo que se veía venir. Por eso, se desmovilizó a la gente y se inhibió a la más potente herramienta de combate que podíamos tener: las masas populares en la calle.

La Fuerza Armada estaba en ese momento neutralizada por los mandos traidores al proceso y el pueblo era la única salvación. La superestructura política prefirió confiar en el propio aparato del Estado, que ya se encontraba minado, y ese fue un fatal error.

El papel de la APR

La APR se venía reuniendo en el Patio de Los Leones de la Alcaldía de Caracas, en el Salón Andrés Eloy Blanco, frente a la Plaza Bolívar de Caracas. Se realizaban intensas jornadas de discusión y actividades para mantener al movimiento popular en estado de alerta en zonas claves.

Hubo desesperados contactos para persuadir al gobierno y que pusiera todos sus resortes al servicio de la movilización del pueblo en defensa del presidente Chávez, pero el criterio gubernamental era que debíamos mantenernos en calma y dejar las cosas en sus manos. La noche antes del golpe, el propio Ministro de Defensa (JVR) insistía en que permaneciésemos en nuestras casas, que no cayéramos en provocaciones, que todo estaba “normal”, mientras tenía a los golpistas pisándole los talones.

Esa misma noche, la APR se mantuvo en vigilia, moviéndose activamente con sus comisiones de trabajo, electas en las sesiones de la Asamblea.
En la madrugada del 11, con el golpe encima, los colectivos integrantes de la APR distribuimos cerca de 100 mil volantes en los barrios y se llamó por todas las vías posibles a que el pueblo se concentrara en Miraflores, con el objeto de interponer un “tapón popular” que impidiese el asalto de la sede del gobierno por la marcha opositora.

Importancia del “tapón popular” del 11 en Miraflores y la irrupción del pueblo el 13 de Abril

Ese “tapón popular” en Miraflores obstaculizó los planes del golpismo, que al no poder asaltar el gobierno con su “sociedad civil” echó mano a fuerzas policiales bajo su control, como la Policía Metropolitana, responsable de la masacre de Puente Llaguno, donde cayeron muertos y heridos varios de los activistas de la APR que se encontraban ofreciendo resistencia en la zona. Fue la acción criminal que luego trataron de achacarle al presidente Chávez, para hacer ver, falsamente, con la magia de la maquinaria mediática golpista, que los que estaban en ese lugar eran opositores y que el gobierno los estaba asesinando.

El golpe triunfó brevemente, y por dos días imperó una dictadura represiva, pero los que resistieron en Miraflores hasta altas horas de la noche del 11 conservaron en buena medida su comunicación y su coordinación, lo cual les ayudó a empalmar con la respuesta popular masiva del día 13. Al combinarse con la intervención de sectores militares leales, permitió el rescate de Chávez y la recuperación del gobierno.

La insurrección cívico-militar derribó a la dictadura fascistoide del golpismo y restituyó a Chávez en el poder, restableciendo también la vigencia de la Constitución Bolivariana y de las libertades democráticas.

Recuperamos lo que habíamos perdido pero no aprovechamos para ir por más

Aunque el pueblo recuperó los espacios arrebatados por el golpismo, no hubo una dirección capaz de llevarlo más allá. El movimiento popular, por ejemplo, rodeó a los medios incursos flagrantemente en el golpe de Estado, pero no dio el paso siguiente que debió adoptar: tomarlos bajo su control. Era la ocasión de destruir el viejo Estado burgués, si hubiésemos tomado todas las instituciones permeadas por el golpismo y hubiésemos establecido sobre ellas el poder popular.

El gobierno, desconcertado, no terminaba de asimilar la lección de que había que apoyarse en el pueblo y aprovechar la coyuntura para avanzar hacia la profundización de la revolución, terminando de desarticular a la derecha y avanzando hacia el control popular de nuevos objetivos. Se impuso la línea del “diálogo” con los golpistas, se les dejó en la impunidad y se perdió una gran oportunidad.

Ocurrieron cosas extrañas, que no cuadraban con el resultado de una contraofensiva victoriosa sobre el golpe. Los golpistas que se hallaban dentro de Miraflores, en vez de ser detenidos y llevados a juicio, fueron puestos en libertad sin cargos. Los Defensores de Puente Llaguno, que se enfrentaron a la PM para defender al pueblo bolivariano, capturados por los golpistas y calificados como “pistoleros” y “asesinos”, miembros de “círculos del terror”, en lugar de salir inmediatamente en libertad como héroes, permanecieron presos durante dos años.

El Tribunal Supremo de Justicia, impasible ante el repudio popular dictaminó que no había sido un golpe de Estado sino un “vacío de poder”. Los gerentes golpistas de PDVSA de “Gente del Petróleo”, que habían sido despedidos por el presidente Chávez, fueron restituidos en sus cargos (lo que les dio la oportunidad de organizar el nuevo golpe con el paro-sabotaje petrolero). ¿Por qué ocurrió todo esto si triunfamos el 13 de abril?

La explicación más probable es que haya habido un sector militar y político del golpe que no encontró otro remedio que devolverse y negociar, con Chávez como rehén, cuando la sacudida popular y la actuación de militares leales cambió la correlación de fuerzas. Recordemos las conversaciones posteriores con Cisneros, que fue uno de los principales factores del golpe y luego bajó el perfil. Por consiguiente, impusieron algunas importantes condiciones; y el golpe derrotado, de alguna manera se prolongó más allá de su derrota y… también, de alguna manera, sobrevivió, impidiendo que la revolución bolivariana diese el gran salto que podría haber dado en ese momento hacia la consolidación del poder y la aplicación de un programa radical antiimperialista y de transición al socialismo. ¿Qué papel jugaría en esto la presión de los gringos?

Todo quedó revuelto, pero la “normalidad” recuperada adormece a la efervescencia revolucionaria

Después del 13 de abril, la tarea principal de la APR fue ayudar a la organización del poder popular, promover redes, asambleas locales y generales y consensuar un programa de lucha que apuntara a aplastar definitivamente a la conspiración oligárquica de la derecha. Por eso insistió mucho en el juicio y castigo a los golpistas, el control social sobre los medios de comunicación que continúan auspiciando al golpismo y la expansión de las comunicaciones alternativas comunitarias, el reconocimiento del movimiento popular como actor protagónico a tomar en cuenta en las decisiones políticas del gobierno, la profundización del proceso de cambios sociopolíticos y económicos en favor de los trabajadores y de las grandes mayorías populares.

Para esto impulsó un Encuentro Nacional de Organizaciones Populares que se hizo con el presidente en septiembre de 2002 y se le presentó una plataforma de lucha emanada de la base. Su principal propósito era contribuir a que la gran fuerza de la insurrección se mantuviese, con la disposición permanente a la movilización como clave del proceso, con objetivos políticos que permitiesen desarrollar el poder del pueblo y terminar con el peligro fascista, abriendo camino a la liberación y a la revolución transformadora por la independencia y contra la "globalización" capitalista.

Pero en este Encuentro, los factores político-burocráticos del aparato estatal, apostaron a la desarticulación del movimiento popular autónomo y buscaron supeditarlo a directrices institucionales, lo que sembró conflictos en su seno y lo llevó nuevamente a su dispersión.

Posteriormente, cuando vino la segunda oleada golpista del paro-sabotaje petrolero, la gente que se reunía en la APR se reagrupó en lo que se llamó durante esa coyuntura Coordinación de Organizaciones Populares de la Gran Caracas. Como muchas otras instancias coyunturales, esta también se disolvió tras la derrota del sabotaje y la recuperación de la “normalidad”.

Consecuencias del 13 de Abril y necesidad de un 13 permanente

El golpe del 11-12 de abril fue como suele decir Chávez, parafraseando a Trotsky, el “látigo de la contrarrevolución” que provoca el reimpulso de la revolución, que la radicaliza. A pesar de las tendencias conciliadoras que buscaron moderar la situación, la fuerza de esta gran acción del pueblo, aunque no le condujo a tomar todos los resortes del poder, fortaleció enormemente a la revolución y debilitó las posiciones de la burguesía y el imperialismo.

A partir de ahí y de la derrota del sabotaje petrolero, vino el surgimiento de la UNETE, se lanzaron las Misiones, se avanzó hacia la proclamación del proceso venezolano como una revolución antiimperialista y de orientación socialista, y más adelante tuvimos la posibilidad de iniciar algunas experiencias de control obrero, con la toma y recuperación de empresas, nacionalizaciones y otras nuevas conquistas.

Pero en lo que las masas dejan la calle, los factores burocráticos de la institucionalidad democrático-burguesa, aún imperantes en el Estado venezolano, a pesar del proceso revolucionario, tienden a irle confiscando sus conquistas al movimiento obrero y popular y lo van deteriorando todo, minando el ánimo del pueblo y creando nuevas condiciones favorables para el golpismo militar y/o para el desgaste electoral.

La conocida consigna “Todo 11 tiene su 13”, salió por primera vez de las gargantas del pueblo en el Encuentro Nacional de Organizaciones Populares, promovido entre otros factores por la APR y que se hizo con la presencia del presidente Chávez en septiembre de 2002. Su formulación original fue: “¡Si vienen como el 11, saldremos como el 13”!

Luego apareció otra consigna que no fue recogida y que es clave para la defensa y profundización de la revolución venezolana: “¡13 permanente, para que no vuelva el 11!”

* Gonzalo Gómez Freire, es co-fundador de Aporrea.org, surgida de la resistencia al golpe de 2002. También es co-editor del periódico de la corriente Marea Socialista y de la revista Comuna.


lunes, 4 de abril de 2011

Violencia machista en Libya o la excusa perfecta para invadir, matar y violar los derechos de los pueblos





Días atrás, en Trípoli, una mujer irrumpía en medio de una rueda de prensa a la que asistían numerosos corresponsales extranjeros y denunciaba haber sido violada por una docena de soldados libios. Minutos más tarde la noticia, imágenes incluidas, estaba en todos los canales de televisión y primeras páginas del mundo como palpable demostración de la infamia del régimen libio.

No ha habido invasión imperialista en la que, a modo de cobertura moral, no se esgrima algún caso de violencia machista por parte del país intervenido que justifique la guerra.

Siempre los medios de comunicación encuentran a mano un dramático caso que demuestre la discriminación que padece la mujer en el país invadido y a partir del cual deba colegirse que no hay mejor manera de evitarla que apelar a las bombas como argumento y a la guerra como razón.

Iraq tuvo su caso como Mayada tuvo su libro cuando la estadounidense Jean Sasson, en solidaridad con la prisión y los vejámenes que sufriera la iraquí, publicó el best-seller “Mayada, hija de Iraq”. En los días previos a la guerra, una joven o niña iraquí, creo recordar, llegó a declarar en el propio hemiciclo de Naciones Unidas las atrocidades de que había sido objeto por el régimen de Sadam.

También tuvo su caso Afganistán. La brutal agresión sufrida por la joven afgana Aisha, a la que su marido cortó la nariz y las orejas por huir de casa sirvió, por ejemplo, para que le restituyera recientemente el rostro la generosidad del gobierno estadounidense, país en el que reside desde que fuera rescatada por sus soldados; para que la sudafricana Jodi Bieber ganara el premio de fotografía World Press Photo el pasado año; y además, para que la revista “Time”, en su portada, junto a la desfigurada imagen de la joven afgana, argumentara en titulares: “Lo que pasa si nos retiramos de Afganistán”.

El mismo caso se ha dado en Irán… a la espera de ser ocupada. Sakineh Ashtiani, acusada de dar muerte a su marido con la complicidad de su amante y, según los medios, condenada a ser lapidada, salvó la vida gracias a la presión internacional que puso de manifiesto la barbarie del régimen iraní.

En Irán, a diferencia de otras irreprochables democracias árabes, la pena de muerte por lapidación, vigente en tiempos del inolvidable Sha de Persia, fue derogada, precisamente, por los ayatolas, pero este sólo es un apunte más de la grosera manipulación de los medios.

Libia no podía ser menos. El mismo día, curiosamente, en que un sicario asesinaba en Colombia a la jueza Gloria Constanza Gaona, que había denunciado presiones en el juicio que seguía a los tenientes coroneles del ejército colombiano James E.Pineda y Germán Belarcázar, así como a otros siete oficiales, por la violación y asesinato de tres niños de 6, 9 y 14 años, sin que los grandes medios de comunicación se enterasen del hecho, daba la vuelta al mundo la violación de una mujer libia.

La puesta en escena de este caso, así como su casual “oportunidad”, me invita a la legítima sospecha. Tampoco sería la primera vez que el fehaciente testimonio de hoy, pasado un prudencial tiempo, descubre la falsedad de su enunciado.
Hace poco más de un mes reconocía el ingeniero iraquí Rafid Ahmed Alwan al Janabi, cuyas confesiones sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq sirvieron de coartada para la guerra, que todo lo que había declarado era mentira.

Aclaro a los malpensados que, al margen de las dudas que me crea la veracidad del testimonio de la mujer libia, en absoluto estoy negando la discriminación y la violencia que padece la mujer en todo el mundo y, especialmente, en muchos países árabes. Para no salir del mundo árabe, otra irreprochable democracia como Arabia Saudita, apenas ayer, decidía seguir negando el derecho al voto a las mujeres so pretexto de que “no están preparadas”. En esa inmensa balsa de petróleo que algunos tienen por país y que, no por casualidad, es el principal aliado y socio de Occidente, tampoco votar es lo único para lo que las mujeres no están preparadas. Igualmente, las mujeres saudíes no tienen derecho a estudiar, a conducir automóviles o a salir solas a la calle, sin la compañía de un varón delante, entre otras carencias.

Lo que sí pretendo es que no se tome en vano el nombre de la mujer, que no se pretenda instrumentalizar su discriminación para fines igualmente repugnantes, que no se permita la burda manipulación que se hace de la violencia machista desde los medios de comunicación y al dictado de las necesidades que la guerra demande, para justificar ante la opinión pública, no sólo el genocidio sino la misma proliferación de esa violencia que, supuestamente, exigía la intervención. Hasta Naciones Unidas ha reconocido que, al igual que el cultivo del opio aumentó en Afganistán desde que el país fuera invadido, también la violencia machista ha crecido en los países ocupados.

De hecho, si algunas soldadescas ostentan el deleznable liderato de violaciones, en general impunes, éstas son las que comandan las propias Naciones Unidas y Estados Unidos en sus misiones de paz y humanitarias guerras, a pesar de la dura competencia que les hacen otros aliados o la innombrable Colombia.

Estados Unidos y Europa, que invadieron Afganistán o Iraq y hoy bombardean Libia antes de terminar por ocuparla, buscan hacerse con sus bienes, garantizarse espacios de influencia, alimentar la codicia de sus empresas, permitir el trasiego de sus recursos, instalar sus bases… A eso fue que llegaron y por eso es que están allí. A ello es que se debe la guerra. Y para hacerlo posible no han tenido empacho en aniquilar cientos de miles de vidas humanas de la manera más artera y cruel.
Sus soldados, así representen a sus estados o a las Naciones Unidas, además de sembrar la destrucción, también se han destacado en el ejercicio de las más asquerosas lacras humanas que pueda imaginarse. Entre ellas, violaciones y torturas de mujeres, de niñas, en cualquiera de los países que con distintos pretextos ocupan.

La ginecóloga suiza Mónica Hauser dedicada a prestar asistencia a mujeres que han sufrido la violencia de la guerra, la violencia de ver destruidos sus hogares, la violencia de ver asesinados sus hijos, la violencia de la miseria, de ser ultrajadas, declaraba en referencia a la República Democrática del Congo, que los cascos azules de la ONU y el personal masculino humanitario no sólo no contribuían a la paz y el orden sino que eran parte del problema, y que las familias ya no mandaban a sus hijas a la escuela sino a la puerta de los cuarteles. Son incontables los casos de violaciones, de asesinatos, que han tenido como protagonistas, además de las niñas y las mujeres que la padecen, a tropas de paz en Haití, a soldados de la OTAN en los Balcanes, a los cascos azules en Africa y a soldados europeos y estadounidenses donde quiera que llegan.

Los miles de soldados imperiales desplegados en Iraq, Afganistán o Libia no han llegado a proteger a las mujeres de esos países de la violencia de una cultura machista que tampoco es desgracia exclusiva de esas naciones y culturas.

Tampoco fueron a impartir talleres educativos en relación a la violencia machista o a implementar sistemas de formación escolar que hagan posible superar esas violentas conductas. Si así fuera no tendrían que haber ido tan lejos. Si lo que pretendían era prevenir o castigar la violencia machista podrían haber invadido sus propios países, haber intervenido, por ejemplo, el Estado español o cualquiera de las democracias europeas o los Estados Unidos, donde los crímenes machistas siguen estando a la hora del día.

Si enfrentar la violencia machista fuera realmente una válida razón para no salir de Iraq, de Afganistán o Libia y, en consecuencia, la razón de haber llegado, no eran soldados los más indicados para tal cometido. Debieran haber enviado contingentes de educadores, de asistentes sociales, de maestras y pensadores, de psicólogos, de personas cualificadas y capaces de ayudar a esas sociedades a reconducir la visión y el papel de la mujer por espacios de justicia, equidad y respeto.

Si enfrentar la violencia machista fuera, en verdad, la razón que justifica invadir y ocupar, ahora Libia, antes Iraq y Afganistán, no eran bombas, ni tanques, ni armas, los instrumentos capaces de contribuir con esa cultura a superar esa sexista violencia, sino libros, material didáctico, recursos económicos y, sobre todo, ejemplo.

La única manera en que podremos influir para que vayan superándose cualquiera de las tradiciones o costumbres en otras culturas que, a nuestros ojos, resultan repugnantes, es el ejemplo que les brindemos desde modelos de convivencia más abiertos y tolerantes, desde sociedades más participativas y justas, desde intercambios más igualitarios y respetuosos.

Y de más está decir lo lejos que estamos de servir de ejemplo. No sólo no hemos sido capaces de ofrecer conductas alternativas que les sirvan de modelo, sino que nos hemos convertido en paradigma de todas las vilezas que, supuestamente, rechazamos; en verdaderos maestros de todos los horrores que aseguramos aborrecer y en los principales sostenedores de su miseria.

Koldo Campos Sagasesta (Enviado por el pasquin de Radio Bemba, Montañas de Colombia)