jueves, 23 de junio de 2011

Las bombas no acortan las guerras, las prolongan

El supuesto propósito de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aprobada el 17 de marzo, era tratar de proteger a civiles libios contra violentos ataques de ambas partes. En las manos ávidas de la OTAN, halagadas indulgentemente por una cobertura acrítica de la prensa occidental, la resolución fue rápidamente transformada en un intento explícito de destruir el régimen de Gadafi, específicamente para asesinar a Gadafi, mediante misiles o por bombardeo, con equipos basados en tierra de asesinos de las Fuerzas Especiales indudablemente desplegados en el desierto, con la misma tarea.

La OTAN dice que ha realizado más de 10.000 ataques aéreos sobre Libia desde que comenzaron las operaciones. Eso incluye 3.794 incursiones de bombardeo de “ataque” en todo el país. En los ataques más serios hasta ahora, concentrados en Trípoli, la OTAN lanzó 157 misiones de ataque el martes, más del triple del promedio diario anterior.

En los hechos, la OTAN realizó unos 5.000 ataques aéreos durante los primeros treinta días. Desde entonces, casi dos meses después, han hecho otros 5.000, de modo que en realidad, a pesar de todas las proclamas sobre la intensificación de la campaña, el ritmo de las operaciones ha ido disminuyendo con el pasar del tiempo lo que –como señala un observador experimentado– “no es una sorpresa, considerando lo que sabemos sobre la preparación, los inventarios de repuestos, y la capacidad de acelerar la producción de repuestos”.

Pierre Sprey, miembro del equipo de diseño que produjo el F-16 y el A-10 señala mordazmente que: “las picaduras de pulga infligidas al ejército de Gadafi por los esfuerzos de toda la armada aérea de la OTAN son una maravillosa demostración de los frutos de nuestro predominante principio estratégico de persistir en el Desarme Unilateral al Máximo Coste”.

Sprey sigue diciendo: “Libia también suministra una verificación empírica del componente más costoso del Principio de Desarme Unilateral al Máximo Coste: el bombardeo del país enemigo prolonga cada guerra en la cual se intenta. No ha habido excepciones documentadas en los cien años desde el heroico bombardeo de un oasis libio en 1911 por el sottotenente Giulio Gavotti*. Evidentemente, el bombardeo igualmente heroico de Trípoli en 2011 no constituye una excepción.”

Es obvio que a pesar de las homéricas apologías de periodistas occidentales sobre su empeño y destreza, los rebeldes basados en Bengasi son una gentuza ineficiente, cuya actividad primordial es quejarse de que la OTAN no libra la guerra con la dureza suficiente por su cuenta. Gadafi enfrenta a los bombarderos de pacotilla de la OTAN que actúan sin mandato legal, sin que haya apenas un murmullo de crítica en la prensa occidental, sobre la absurda afirmación de que operan dentro de los términos de Resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Los rebeldes no han podido realizar ninguna acción militar efectiva.

El 6 de junio el Grupo Internacional de Crisis (ICG) independiente, compuesto de expertos regionales bien informados y ex diplomáticos, publicó un informe “Making Sense of Libya” [Entendiendo Libia]. Señala abiertamente que la OTAN está dedicada al “cambio de régimen” y critica enérgicamente la negativa de la OTAN de responder a los llamados al cese al fuego y a la negociación, una posición que según el ICG garantizará una prolongación del conflicto, y de las tribulaciones de todos los libios.

El ICG pasa luego a encarar el tópico de los supuestos “crímenes contra la humanidad” de Gadafi, incluido el genocidio. Hay que recordar que las resoluciones relevantes de la ONU que llevaron a los actuales ataques de la OTAN fueron aprobadas apresuradamente por el Consejo de Seguridad impulsadas por la intensa retórica sobre la “masacre de su propio pueblo” por Gadafi, y sus “crímenes contra la humanidad”, incluido el genocidio. Las afirmaciones difusas y en su mayoría vagas estaban generalmente salpicadas de frases como “según se informa”.

Respecto al tema de los supuestos crímenes de guerra el Grupo Internacional de Crisis señala violaciones masivas por milicias gubernamentales, pero declara al mismo tiempo que:

gran parte de la cobertura de los medios occidentales ha sido presentada desde el principio como una visión muy unilateral de los eventos, mostrando al movimiento de protesta como enteramente pacífico, sugiriendo repetidamente que las fuerzas de seguridad del régimen estaban misteriosamente masacrando a manifestantes desarmados que no representaban un desafío real a la seguridad. Esta versión parece ignorar la evidencia de que el movimiento de protesta mostró desde el principio un aspecto violento… existe también evidencia de que, como lo afirmó el régimen, las manifestaciones estuvieron infiltradas por elementos violentos. De la misma manera, existen motivos para cuestionar los informes más sensacionalistas de que el régimen estaba utilizando su fuerza aérea para masacrar manifestantes, menos aún involucrarse en algo que justifique remotamente el uso del término ‘genocidio’.

En este contexto, ya que el historial de maleabilidad de la Corte Penal Internacional ante los requerimientos de la OTAN se acerca a una sumisión cercana al 100%, se puede considerar con un cinismo razonable la sincronización de su publicación de acusaciones contra las milicias de Gadafi, sobre violaciones masivas ayudadas por Viagra, inmediatamente después de los ataques de bombardeo de la OTAN contra Trípoli del martes. Respecto al tema de sistemáticas violaciones masivas, Amnistía Internacional dijo el jueves que sus investigadores en Libia oriental, Misrata y los campos de refugiados a lo largo de la frontera tunecina “no han descubierto hasta la fecha evidencia concreta para apoyar esa afirmación”.

Dentro de cien años, la intervención en Libia de la ONU y la OTAN será vista como un robo relámpago al viejo estilo colonial. Todavía podría haber un párrafo o dos sobre el colapso de la izquierda estadounidense al no organizar ninguna manifestación poderosa de protesta.

* Agrego en este lugar una nota al pie de Sprey: “Historiadores aficionados y eruditos de los think tanks adoran citar Hiroshima como la primera y obvia excepción. Lejos de ser una excepción, el bombardeo nuclear de Japón confirma en realidad que los bombardeos prolongan las guerras. Los antecedentes históricos muestran, fuera de toda duda, que Truman y Byrnes retardaron deliberadamente por lo menos un mes la aceptación de la urgente oferta de rendición de Japón (y de la Conferencia de la Paz de Potsdam) para estar seguros de que la guerra no terminaría antes de que EE.UU. hubiera impresionado al mundo (y sobre todo a los rusos) con el poder de una bomba nuclear lanzada sobre civiles japoneses. Miles de soldados, marineros y aviadores estadounidenses murieron innecesariamente debido a ese disparate estúpido – y profundamente inmoral.”

Alexander Cockburn
CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Andrew Cockburn escribe sobre temas de seguridad nacional y otros relacionados. Su libro más reciente es: “Rumsfeld: His Rise, Fall and Catastrophic Legacy” Es coproductor de “American Casino,” el largometraje documental sobre el actual colapso financiero.

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